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Archivo para la categoría 'social'

Joseph Beuys (Düsseldorf, Alemania, 1921, 1986)

 Joseph BeuysJoseph BeuysJoseph Beuys

Memoria de Joseph Beuys

por

Juan Yanes

Hacer que la gente sea libre es la finalidad del arte,

por lo tanto, para mí, el arte es la ciencia de la libertad.

Joseph Beuys

Recuerdo la tarde que vi, por primera vez, una escultura de Joseph Beuys. Estaba tirado en Madrid, más sólo que la una. Creo que era el invierno de 1993. Tenía una reunión al día siguiente en un local de la Calle Príncipe, cerca de la Plaza de Santa Ana, así que me dejé caer por la pendiente de Atocha hasta el Museo Español de Arte Contemporáneo (ahora creo que lo llaman de otra manera, que no recuerdo). Allí estaba la exposición. Fue como si hubiera recibido un golpe, sentí una conmoción, un puñetazo en la cara. He visto cientos de exposiciones desde entonces, ninguna tan sobrecogedora.

Después supe que Joseph Beuys fue activista político, profesor y artista. Un artista con una fuerte y compleja personalidad, sostenido por una poderosa concepción del arte donde los materiales y los objetos se transforman en metáforas en el seno de una Teoría Social de la Escultura. Dar sentido a los procesos sociales, de igual modo que el arte transforma radicalmente la materia o el lenguaje da sentido al pensamiento. Que me perdone Beuys, seguro que sentiría vergüenza ajena de tamaña simplificación. Su forma de entender el arte implicaba la transformación de la vida… tantas cosas, el dolor, la muerte. Sólo nombraré algunos de los títulos de las obras que vi entonces y que recuerdo como puntas de un iceberg clavadas en la memoria:

Jaula con sedimento; Estratificado en el tiempo; Objeto que irradia; ¡Esto es Heráclito!; Escultura de vapor; Constelar trabajos, objetos, materias, vestigios, restos, sustancias, evidencias, misterios, creaciones; Denominador conceptual común; La vitrina como espacio del mundo imaginativo; Transformación alquimista, movilidad de la sangre, la sangre menstrual, nacimiento y encarnación; Conductores de energía = llamamiento a la acción; El arte dentro de la sociedad, la sociedad dentro del arte; La casa, el vestido como símbolo de aislamiento y a la vez de comunicación; Espacio básico; Configuración plástica; Razón e intuición; Gengiskan, mediador entre culturas y pueblos (el correo); Unir territorial y espiritualmente; Antena y toma de tierra; La esfera térmica de la creatividad = nuevo concepto del dinero y de la circulación de valores económicos; Dimensión ontológica; Aislamiento, anticomunicación, concierto sin sonido; Frontera en la que todo se mueva hacia un punto crítico; Orogénesis; Gramófono mudo; Sonidos corporales.

vía Máquina de coser palabras 

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ekeko (Chile)

ekeko (Chile) ekeko (Chile)

ekeko es un proyecto de autogestión

ekeko desarrolla proyectos culturales

ekeko expone donde sea

ekeko cree en la donación de obras de arte

ekeko cree en dar y recibir

ekeko cree que el ekeko nos dará prosperidad y buenaventura

ekeko piensa que el arte no es un bien imposible de tener

ekeko va a exposiciones a tomar vino

ekeko cree en el trueque

ekeko es un proyecto romántico y utópico

ekeko cree que un buen proyecto es quemar alonso de córdova

ekeko cree que el arte debería estar en todas partes

ekeko está contra la monarquía del arte

ekeko cree en Bolívar

ekeko cree que estamos tan cerca y tan lejos a la vez

ekeko cree en la frase cliché “por amor al arte”

ekeko cree en la revolución y el suicidio

Chris Jordan (San Francisco,Estados Unidos,1963)

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El trabajo de Chris Jordan explora el complejo fenómeno del consumismo masivo norteamericano. Sus series más recientes, tituladas “Running The Numbers”,

examinan los efectos acumulativos de la cultura norteamericana contemporánea a través del lente de las estadísticas. Sus series previas, tituladas ” Intolerable Beauty”, representaban los horrorosos residuos acumulados de la sociedad de consumo masivo. Colores vivos y un notable sentido de la composición hacen que la imaginería de Jordan esté en un nivel puramente estético, mientras el mensaje que transmite hace de su trabajo algo socialmente relevante.

Chen Shaofeng (Provincia de Shanxi, China, 1961)

chen shaofeng

chen shaofeng

chen shaofeng

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Shaofeng pinta a sus sujetos, campesinos de zonas rurales de China, mientras ellos lo pintan a él. El resultado, presentado como enormes series, es impresionante.

Iván Navarro (Santiago, Chile, 1972)

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Navarro creció en Chile durante la década de los 70-80, una época marcada por la violencia latente, la intimidación y la desinformación.
esto explica en parte la temática de sus obras.
De esta experiencia, Navarro conserva, como muchos de sus compatriotas, una sospecha acerca de la diferencia entre las apariencias y la verdad.
Nada sorprendente entonces, que sus obras luminosas denoten un interés por el poder y el doble sentido. Sus contornos potentemente luminosos ejercen la atracción propia de las luces de colores, soportes de mensajes atractivos y seductores, pero los objetos de Navarro  contienen a la vez algo de oscuridad y miedo.

Mona Hatoum (Beirut, Líbano, 1952)

mona hatoum

 

mona hatoum

 

mona hatoum

 

mona hatoum

 

mona hatoum

 

mona hatoum

Una de las artistas más representativas del panorama artístico internacional, Mona Hatoum, encarna en su biografía las constantes que marcan la traumática experiencia del exilio: el desplazamiento y la destrucción de la idea tradicional que tenemos del “hogar”. Aunque palestina, nace en Beirut, ciudad a la que tuvieron que emigrar sus padres en 1948 abandonando Haifa y a la que, posteriormente, ella misma no puede regresar cuando, de viaje en Londres, estalla en 1975 la guerra civil libanesa. Tras unos primeros años en la Byam Shaw School of Art, pasa a la Slade School of Art, también en Londres, donde estudia con Stuart Brisley, una de sus primeras influencias, a comienzos de los años 80, cuando empieza a realizar performances y vídeo.
Tras un primer tiempo de experimentación formal en el que establece la que sería una relación duradera con el Minimalismo, su paso por la Slade la politiza llevándola a un terreno más conceptual en el que primaría su preocupación por el funcionamiento de las estructuras de poder. Es en este contexto en el que lleva a cabo la mayoría de sus performances cargadas a menudo de un denso contenido político. En un segundo momento, pero también dentro de esta primera etapa en la que su trabajo aparece marcado por acciones temporales, tiene lugar la elaboración de vídeos, entre los que nos encontramos con obras tan significativas como Measures of Distance (1988), que trata temas como la representación de estereotipos femeninos o las relaciones materno-filiales, dentro, eso sí, de un encuadre marcado por el sentimiento de pérdida y desorientación que trae consigo el exilio y la comunicación en el desplazamiento.
Su trabajo en los años 90 ha evolucionado hacia obras menos narrativas que permiten, por tanto, un mayor nivel asociativo. A través de las esculturas y las instalaciones, Hatoum realiza obras que parecen hacer referencia al Minimalismo, aunque tan sólo desde un punto de vista puramente formal y de utilización de materiales. En ellas hay una continua negociación con el cuerpo del espectador, al que implica física y emocionalmente en un espacio del que paradójicamente el cuerpo humano permanece ausente y que él/ella con su presencia está llamado a sustituir. Sus instalaciones nos trasladan, a menudo, a un espacio de fantasía en el que, como sucede en Corps étranger (1994), nos enfrentamos al poder metafórico del cuerpo en general a través de conceptos como lo público y lo privado en la imagen del cuerpo femenino.
En los últimos años, la ambivalencia simbólica que otorga a los objetos cotidianos ha ido tomando cada vez más peso en sus instalaciones. Todo aquello que en teoría nos resultaba conocido y acogedor, se metamorfosea en algo remoto y, a menudo, espeluznante. El “hogar”, en las obras de Hatoum, ya no puede proporcionarnos esa sensación de sosiego y refugio con el que antes lo asociábamos. Las alteraciones introducidas por la artista rompen constantemente esas expectativas. Ya sólo nos queda un espacio inquietante en el que pensar una nueva definición de “hogar”.

Thomas Demand (Munich, Alemania, 1964)

thomas demand

thomas demand

thomas demand

thomas demand

De lejos, el mundo de Demand es un mundo concreto, uno de sustantivos más que de resbalosos adjetivos. Una mesa, una estantería, una cama. Todo parece sólido y estable hasta que, al acercarnos, nos damos cuenta de que esa mesa, esa estantería, esa cama están hechas de papel. Entonces aparece la duda.

 

Desde comienzos de los ‘90, Thomas Demand ha seguido el mismo procedimiento: primero elige una imagen fotográfica publicada en un diario o revista, luego construye un modelo de esa imagen a escala real en papel y cartón, lo ilumina, con esa luz helada de ascensor que absorbe humanidad, y lo fotografía. Acto seguido, destruye la maqueta. De la foto original queda apenas una reverberación. Si antes había una mesa de oficina llena de cosas, ahora tenemos esa misma mesa pero pelada, y no es que los objetos hayan desaparecido, sino que siguen ahí pero desnudos: lo que era detalle superfluo ha sido eliminado, queda algo como un bosquejo del original pero sin las particularidades. Sólo vemos el contenido neto de la imagen: los papeles son rectángulos blancos en blanco; el paquete de cigarrillos, una cajita sin marca; la máquina de escribir tiene la forma habitual pero las teclas son todas negras; la cinta adhesiva es un rollito sin logo. Todo en unos colores que recuerda a laboratorios de tecnología vieja, un beige verdoso, entre un té con leche y un cuadro cubista.

Las imágenes podrían ser el resultado de una mente que no logra recordar detalles sino el trazo grueso de las cosas que alguna vez vio. Al respecto, Jeffrey Eugenides (que a su vez escribió un cuento inspirado en las fotografías de Demand para el catálogo de la muestra de este año en el Moma) escribió: “Una memoria de un tiempo o un lugar no es ese tiempo o ese lugar, y, aun cuando la mente luche por percibir el presente existe el filtro inevitable de la conciencia: nuestra mente construyendo un retrato de la realidad”. Es posible que, en parte, las imágenes de Demand sean obras sobre la memoria y la percepción. Sobre qué recordamos de las cosas y por qué. Nada mejor que el papel, acá en su doble función de escultura y fotografía, para representar la fragilidad de las cosas (además, parece haber en Demand un escepticismo hacia la gran escultura a lo Richard Serra, quizá por eso sus construcciones mantienen esa impresión de haber sido hechas a los tumbos, en el sentido de que dejan ver las juntas del papel, el lápiz marcando intersecciones, las esquinas donde el cartón se levanta y rastros de la goma con la que todo ha sido pegado). Es inevitable: hechos en papel, los objetos se asocian a nuestros recuerdos de la infancia, a los avioncitos, a los barcos, a las pirámides con cartas. Pero montados entre placas de plexiglás parecen lo definitivo y en eso radica su fascinante perversión.

Rirkrit Tiravanija (Buenos Aires, Argentina, 1961)

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Desde hace más de una década, Rirkrit Tiravanija produce happenings para que el público participe activamente en ellos. Son situaciones o ambientes que cuestionan los límites entre el artista y el espectador, el arte y las actividades cotidianas, dentro de la llamada “estética relacional”. Sirvió comida como arte en su primera exposición individual en 1990, ofreciendo al público una degustación de Pad Thai, un plato típico de Tailandia, el país de su familia. Trasladó el mismo concepto a sus exposiciones posteriores, en las que ha creado diferentes instalaciones que se transforman diariamente con los platos y utensilios usados. Pero no sólo comparte comida, también su propio hogar (que reconstruyó con contrachapado en un espacio expositivo y lo dejó abierto las veinticuatro horas del día para que la gente lo habitara) y sus viajes (que parten de su espíritu nómada). El arte de Tiravanija es gratuito. Sólo hace falta vivir la experiencia. De hecho, la esencia de sus obras reside en la colectividad, su interrelación, y en la casualidad. Hace arte sin hacer objetos, su fin es una denuncia contra la posesión y la acumulación.




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