




Bronce, cera o silicona, cualquier material es factible de ser modelado por Kiki Smith para representar diferentes aspectos de la anatomía humana, así como enormes figuras de cuerpo entero, con las que la artista lleva más de veinticinco años trabajando. En los últimos tiempos, su universo plástico se ha enriquecido con nuevas vías de investigación que han complementado las formas humanas con aspectos subjetivos relacionados con la religión, el folclore, la mitología, la naturaleza, el feminismo o incluso la historia del arte, de la que ella constituye ya una figura destacada.




Whiteread se aleja de la inmediatez y el gusto por la fuerza del poder visual para ofrecer piezas frías en las que el espacio interior de los objetos es revertido hacia fuera, es decir, presentados en negativo. Su propuesta posee un sentido reflexivo hacia la usual comprensión que se tiene en torno a la obra de arte y por ello invita a un nuevo acercamiento hacia éstas, en el que la funcionalidad de los objetos y la concepción del espacio que poseen y ocupan, como materia, pretende ser redefinido. De esta forma, buena parte de las piezas de Whiteread constituyen macizos bloques que muestran una cara desdoblada de los objetos, aquella producida a partir del vaciado de moldes de su parte interior, poniéndose en evidencia de manera clara y constante varias de las ideas contrapuestas sobre las que la artista reflexiona: copia-original, público-privado y presencia-ausencia.





La práctica artística de Livia Marin está centrada en lo cotidiano, en general objetos producidos en masa como tazas, platos, labiales, mamaderas, botellas, y tapas. Utiliza estos objetos para hacer nuevos objetos ya sea manipulándolos, utilizándolos como moldes o generando copias transformadas en materiales inusuales, generalmente industriales.
Para Marin no es realmente importante quien es el constructor de la obra, pero como ha sido construída y le interesa particularmente la relación entre los nuevos objetos y los originales. Estos nuevos objetos son bellos, siempre intrigantes, y a veces desconcertantes.






Con la intención de provocar a los espectadores y de cuestionar el alcance de la biotecnología, Patricia Piccinini realiza esculturas, videoinstalaciones, fotografías digitales y dibujos que exploran la relación y la convivencia entre el mundo natural y el artificial .
Con su peculiar hiperrealismo, la artista australiana recrea mundos irreales y extrañamente familiares, habitados por criaturas de ciencia ficción, de aspecto repulsivo e inquietante pero en muchos casos tiernas y aparentemente vulnerables.






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Jeff Koons apareció en el arte a mediados de la década de los ochenta como miembro de una generación ocupada en explorar el significado del arte en una era saturada por los medios de comunicación y por la crisis de representación que esto conlleva. Ex corredor de la bolsa, movido por una declarada intención artística de “comunicarse con las masas”, Koons se inspira en el lenguaje visual de la publicidad, el marketing y la industria del entretenimiento. Poniendo a prueba los límites entre alta y baja cultura, su colección escultórica incluye aspiradoras encerradas en contenedores de plexiglás, balones de baloncesto flotando en acuarios de cristal y homenajes en porcelana de Sèvres a Michael Jackson y la Pantera Rosa. Con su trabajo pretende darle al arte un carácter de bien de consumo inclasificable dentro de la jerarquía de la estética convencional.