Archivo para la categoría 'ironía'

DIna Goldstein, Fallen Princesses

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“Estos trabajos ponen a personajes de cuentos de hadas en escenarios modernos. En todas las imágenes la princesa está situada en un ambiente que articula su conflicto. El “y vivieron felices para siempre” es reemplazado por un desenlace realista.”

Dina Goldstein

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IARTISTLONDON es la nueva marca cool que te permite hacer piezas reales de arte contemporáneo desde la comodidad de tu hogar. Todas esas obras que siempre quisiste pero que no podías comprar… Creemos que el arte debiera ser para todos. Nuestras cajas contienen todos los elementos necesarios para que sólo te concentres en la creación. En muy poco tiempo tendrás una obra maestra creada por ti mismo. ¡No puede ser más fácil!

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Libera el artista que llevas dentro.

Wim Delvoye (Wervik, Bélgica, 1965)

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Wim Delvoye es considerado el artista más grosero del mundo. Su producción, ecléctica y polifacética puede englobarse bajo un denominador común: el desafío a los límites entre alta y baja cultura y el sentido del humor. Sus raíces católicas son perceptibles en la reivindicación que hace del ornamento y lo barroco, así como en su rechazo de la estética del minimalismo, la “elegancia” y el “buen gusto”, que considera síntomas claros de una sociedad en decadencia. Incorpora elementos del mundo del kitsch en alguna de sus obras: una portería con una vidriera de San Esteban en el fondo, una hormigonera de porcelana o un urinario adornado con la fotografía del rey de Bélgica. Durante una década reunió la colección de etiquetas de una marca de quesos. “El origen de las especies” es una reflexión visual e ideológica de la relación entre biología y capitalismo, a través de la historia de una etiqueta y del desarrollo de una marca. “Siete consideraciones sobre sexo X” muestra una serie de radiografías eróticas, primeros planos de escenas amatorias, con una visión interior, ya que las imágenes fueron tomadas con rayos X. Suya es también “Cloaca”, una máquina que reproduce el sistema digestivo humano, en el que se introduce el alimento por un extremo y salen las heces por el otro. El realismo de su trabajo le condujo a China, donde Delvoye tiene una granja en la que tatúa a cerdos, convirtiéndolos en obras de arte.

Hackers en Austin (Texas, Estados Unidos)

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Dos signos de construcción cerca de la Universidad de Texas fueron hackeados el lunes en la mañana, previniendo a los residentes de Austin acerca de un inminente ataque zombie.

Vía Wooster Collective

Jeremy Scott (Estados Unidos)

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Paul Mc Carthy (Utah, Estados Unidos, 1945)

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¿Cómo define la violencia en su obra?

PM. Mi trabajo no es una manifestación violenta. Trata sobre una violencia ficticia, del tipo que se puede ver en las películas. Empleo los mismos trucos, por ejemplo, las prótesis de plástico o una mano artificial. Uno de los personajes que aparecen en mis actuaciones, Big Robert, posee unas manos enormes. Al mismo tiempo, yo introduzco la mía en su interior para manejarlo. Lo golpeo con un movimiento convulso y repetitivo que produce un efecto hipnótico, durante el que sus dedos de látex se llegan a romper. Por un momento, el público se asusta. Puede que me haya cortado la mano. Es entonces cuando surge la duda. El público no sabe si reírse o asustarse ante la brutalidad de los golpes. Se ríen del chiste, de la enorme mano protésica, de la sangre artificial. Pero, al mismo tiempo, hay un elemento brutal y les incomoda que les haga gracia. Mi trabajo consiste en una especie de brutalidad virtual, ficticia.

Su trabajo también evoca la violencia social…

PM.Sí. Muchas de mis obras tratan sobre la violencia familiar, el abuso, la opresión y la dominación. La más frecuente es la relacionada con los niños. Sin embargo, no ilustro literalmente estos temas en mi trabajo, sino que, más bien, son asuntos que se evocan de un modo indirecto. Pero en sus actuaciones a menudo utiliza su propio cuerpo como un objeto. Hacia finales de los años 70, estaba más interesado en lo específico. Mis performances se orientaban hacia la realidad; después me interesé por la confusión entre la realidad y la ilusión. Comprendí que la necesidad de generar violencia, la necesidad de la violencia física, no correspondía a una realización específica. Me fui interesando cada vez más en representarla. Esa es la razón de que use ketchup. Lo utilizo como si fuese sangre y como símbolo de nuestra sociedad de consumo. También empleo sangre de verdad. Lo más interesante fue darme cuenta de que la sangre podía ser real o artificial de manera simultánea y el efecto era el mismo.

Un cuerpo maltratado, odiado, es, a veces, su tema central…

PM.Utilizo el cuerpo como un receptáculo de los temores, la obsesión y el conflicto que se genera en nuestra sociedad, aunque no siempre poseo el control total durante una performance. Los elementos pueden interactuar entre sí y permitir que afloren o no diferentes emociones. Lo único que hago es establecer la situación, después permito que suceda lo inesperado, aquel fenómeno mental o físico que provoca una reacción con el cuerpo mismo.

¿Se considera usted una especie de salvador gracias a su trabajo?

P.M.No, nunca he pensado que mi arte pueda sanar a alguien o a algo: ni a mí mismo ni a la Humanidad ni a nuestra sociedad. Quizás se trate de una denuncia, pero desconozco hasta qué punto mi arte afecta al público. No sé lo que gana o pierde con él.

Emplea diferentes técnicas y gran variedad de materiales. ¿Desea crear una confusión de géneros? Los dibujos y esculturas siempre guardan relación con la performance. Cada soporte, cada material, está entrelazado con otro. A menudo, el mundo del arte aparece compartimentado. A un lado están los pintores y, al otro, los escultores. Yo rompo esos compartimentos. También utilizo los objetos, los juguetes, la publicidad, los productos de la televisión y los subvierto. Siempre existe una crítica implícita, otra utilidad que extraer de ellos. De hecho, yo mismo fabrico los objetos. Los juguetes y las marionetas no siempre son completamente industriales. En todos los elementos interviene la imitación para criticar nuestra sociedad, mezclada con mis obsesiones. Es una manera de reinventar nuestro mundo. ¿Intenta ofender y escandalizar deliberadamente al público?

PM.No me interesa la simple idea de escandalizar. Intento crear imágenes que resulten evocadoras. Para que puedan existir, el público debe mostrar preocupación. Pero sí, tengo un cierto problema con el término escandalizar. Cuando planeo alguna de mis representaciones, jamás pienso en que puedan escandalizar a la gente. Hay ocasiones en que sucede lo contrario. Me escandaliza que algunas personas se escandalicen. Cuando menciono algún tabú, como el arquetipo del padre y el bestialismo en Garden (Jardín), donde una figura con los pantalones bajados se masturba contra un árbol, no intento romper el tabú, sino resaltarlo. Existen distintos niveles de reacción en función del individuo. A algunos les ofende y a otros les hace reflexionar. Las piezas no funcionan de la misma manera, aunque estoy menos interesado en la gente que pueda sentirse escandalizada y más en aquellos que estén dispuestos a pensar.¿Intenta ofender y escan

Su trabajo, que es muy independiente y siempre resulta rebelde, se ha convertido en un instrumento de intercambio y posee un valor de mercado. ¿Cómo resulta vivir con semejante paradoja?

P.M Para mí supone un cierto dilema. Mi trabajo cuestiona el abuso de poder, que a menudo tiene una conexión con el dinero. Ahora mis obras circulan entre los ricos y entre las instituciones dominadas por ellos. Irónico. Sin embargo, comparado con una producción cinematográfica, mi arte no cuesta tanto. ¿Que si me siento a gusto vendiendo mis creaciones a los millonarios? Eso depende de sus objetivos, de lo que hacen con su dinero y la manera en que lo obtienen. El tema no es nuevo. Los artistas, durante el Renacimiento, trabajaron para la Iglesia. La situación ahora resulta muy ambigua, aunque espero que la tecnología sea capaz de liberar la comunicación casi totalmente. Para el arte, Internet es una plataforma global que le otorga mayor poder.

Entrevista vía EL MUNDO

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Maurizio Cattelan

Maurizio Cattelan es un artista italiano. Esencialmente autodidacta, su obra se mueve entre la escultura y la performance y tiene en el sentido del humor y la trasgresión de los símbolos establecidos sus principales armas de expresión. En su individual del MOMA de Nueva York, en 1998, hizo que un actor vestido de Picasso, provisto de una gran careta que caricaturizaba el rostro del pintor, saludara a los visitantes al puro estilo de Disney World; un modo de llamar la atención sobre la inercia mercantil y espectacular del arte contemporáneo. Otra de sus intervenciones más conocidas tuvo lugar en 1999 en la galería Anthony d´Offay, donde instaló una réplica del monumento Mail Lin de Washington, en la que sustituyó los nombres de las víctimas de la guerra de Vietnam por las derrotas de la selección inglesa de fútbol; corrosiva broma sobre la gravedad con la que se trata el mundo del fútbol, sobre la proporción y la comparación, sobre las diferentes memorias nacionales.

Texto vía masdearte.com