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Los artistas, de Rodin a Warhol han externalizado la construcción de su obra. Hilary Berseth va más allá: Construye estructuras básicas de cable y cera, y después deja a equipos de abejas terminar el trabajo. “Sabía que eran ordenadas y reglamentadas”, dice el artista de Pennsylvania acerca de sus abejas de miel, que construyeron las tres maravillosas esculturas en exhibición en el Eleven Rivington.
“Tenía la intuición de que sería capaz de organizarlo arquitectónicamente.”
Los grupos de abejas de Berseth van cada uno en una caja cerrada en la primavera, y después las respectivas colonias se hacen cargo, haciendo su trabajo. “Las últimas dos temporadas, he estado trabajando con un apicultor que se llama Jim Bobb,” dice, explicando como logra la pericia.






Richard Buckminster Fuller, diseñador, ingeniero, visionario e inventor. También fue profesor en la universidad Southern Illinois University Carbondale y un prolífico escritor.
Durante su vida, Fuller buscó una respuesta a la pregunta «¿Tiene la humanidad una posibilidad de sobrevivir exitosamente en el planeta Tierra y, sí es así, cómo?». Considerándose a sí mismo un individuo promedio, sin medios económicos o título académico, decidió dedicar su vida a esta cuestión, intentando descubrir si un individuo podía mejorar la condición humana de una forma que no pudieran los gobiernos, las grandes organizaciones o las empresas privadas.
En el transcurso de este experimento, que duró toda su vida, Fuller escribió veintiocho libros, acuñando y popularizando términos como sinergia, nave espacial Tierra y efemeralización. También realizó muchas invenciones, especialmente en el ámbito de la arquitectura, donde el más conocido es la cúpula geodésica. Las moléculas de carbono conocidas como fulerenos se llaman así debido a su parecido con las esferas geodésicas.
En una etapa posterior de su vida, tras trabajar en sus ideas durante muchos años, Fuller obtuvo una considerable visibilidad pública. Viajó por el mundo dando clases y recibió muchos doctorados honoris causa. Sin embargo, la mayoría de sus invenciones nunca se materializaron y recibió fuertes críticas en muchos campos en los que intervino, o simplemente se le tachó de utopiano. Por otra parte, los partidarios de Fuller aseguran que su obra no ha recibido toda la atención que merece. De acuerdo con el filósofo N. J. Slabbert, Fuller tenía un estilo de escritura oscuro que ha obstaculizado la circulación de sus ideas.