

Memoria de Joseph Beuys
por
Juan Yanes
Hacer que la gente sea libre es la finalidad del arte,
por lo tanto, para mí, el arte es la ciencia de la libertad.
Joseph Beuys
Recuerdo la tarde que vi, por primera vez, una escultura de Joseph Beuys. Estaba tirado en Madrid, más sólo que la una. Creo que era el invierno de 1993. Tenía una reunión al día siguiente en un local de la Calle Príncipe, cerca de la Plaza de Santa Ana, así que me dejé caer por la pendiente de Atocha hasta el Museo Español de Arte Contemporáneo (ahora creo que lo llaman de otra manera, que no recuerdo). Allí estaba la exposición. Fue como si hubiera recibido un golpe, sentí una conmoción, un puñetazo en la cara. He visto cientos de exposiciones desde entonces, ninguna tan sobrecogedora.
Después supe que Joseph Beuys fue activista político, profesor y artista. Un artista con una fuerte y compleja personalidad, sostenido por una poderosa concepción del arte donde los materiales y los objetos se transforman en metáforas en el seno de una Teoría Social de la Escultura. Dar sentido a los procesos sociales, de igual modo que el arte transforma radicalmente la materia o el lenguaje da sentido al pensamiento. Que me perdone Beuys, seguro que sentiría vergüenza ajena de tamaña simplificación. Su forma de entender el arte implicaba la transformación de la vida… tantas cosas, el dolor, la muerte. Sólo nombraré algunos de los títulos de las obras que vi entonces y que recuerdo como puntas de un iceberg clavadas en la memoria:
Jaula con sedimento; Estratificado en el tiempo; Objeto que irradia; ¡Esto es Heráclito!; Escultura de vapor; Constelar trabajos, objetos, materias, vestigios, restos, sustancias, evidencias, misterios, creaciones; Denominador conceptual común; La vitrina como espacio del mundo imaginativo; Transformación alquimista, movilidad de la sangre, la sangre menstrual, nacimiento y encarnación; Conductores de energía = llamamiento a la acción; El arte dentro de la sociedad, la sociedad dentro del arte; La casa, el vestido como símbolo de aislamiento y a la vez de comunicación; Espacio básico; Configuración plástica; Razón e intuición; Gengiskan, mediador entre culturas y pueblos (el correo); Unir territorial y espiritualmente; Antena y toma de tierra; La esfera térmica de la creatividad = nuevo concepto del dinero y de la circulación de valores económicos; Dimensión ontológica; Aislamiento, anticomunicación, concierto sin sonido; Frontera en la que todo se mueva hacia un punto crítico; Orogénesis; Gramófono mudo; Sonidos corporales.
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La impresión de impersonalidad y de objetividad son los motores principales del trabajo de Daniel Buren . Su obra se caracteriza por el empleo sistemático del mismo material: bandas verticales de tela o papel, de 8,7 cm de ancho, que aplica sobre soporte o deja libre. Utiliza estas bandas como “herramienta visual”, intentando subrayar una característica del espacio o una contradicción ideológica. Trabaja “in situ” y al final de sus presentaciones el material se destruye.
Columnas de Buren, Palais-Royal, París, Francia (N 48°51′-E 2°21′).
En 1986, Daniel Buren realizó una escultura de 3.000 m2 en el patio de honor del Palais-Royal. Las «columnas de Buren» dieron origen a una violenta polémica sobre la integración del arte contemporáneo en el patrimonio histórico. Considerado durante mucho tiempo como el corazón de París, el Palais-Royal fue construido en 1635 por el arquitecto Jacques Lemercier, a iniciativa del cardenal Richelieu, para expresar la creciente centralización del poder real. Del edificio original —llamado entonces Palais-Cardinal (palacio del Cardenal)— sólo queda la «galerie des Proues». La parte fundamental de la actual edificación se remonta a la Restauración. La arquitectura del Palais-Royal, reformada en varias ocasiones, resume varios siglos de historia del arte. Los numerosos dignatarios que lo ocuparon en el curso del tiempo dejaron en su mayoría alguna huella estética que materializaba su poder político. Así pues, al confiar a Daniel Buren el acondicionamiento del patio de honor del Palais-Royal, el ministro de Cultura francés se inscribía, de hecho, en una antigua tradición política y arquitectónica. A unos pasos de aquí, François Mitterrand hizo algo parecido con la pirámide de Pei del patio del Louvre.