Archivo para la categoría 'alemania'

Oliver Herring (Heidelberg, Alemania, 1964)

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Oliver Herring mezcla  fotografía y escultura. En estos trabajos reconstruye a sus modelos con  pequeños fragmentos de ellos mismos, pegados como un puzzle.

Kiki Smith (Nuremberg, Alemania, 1945)

 

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Bronce, cera o silicona, cualquier material es factible de ser modelado por Kiki Smith para representar diferentes aspectos de la anatomía humana, así como enormes figuras de cuerpo entero, con las que la artista lleva más de veinticinco años trabajando. En los últimos tiempos, su universo plástico se ha enriquecido con nuevas vías de investigación que han complementado las formas humanas con aspectos subjetivos relacionados con la religión, el folclore, la mitología, la naturaleza, el feminismo o incluso la historia del arte, de la que ella constituye ya una figura destacada.

Julia Fullerton-Batten (Bremen, Alemania, 1970)

 

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Julia Fullerton-Batten

Andreas Gursky (Leipzig, Alemania 1955)

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“Las enormes fotografías de Gursky recrean multitud de detalles, recordando a algunos de los maestros de la escuela flamenca (Van Eyck o Vermeer). El espectador queda pues sumergido en un universo desconcertante pero enormemente atrayente y sugestivo. La contemplación metódica de la realidad percibe cada elemento con una concreción que no se corresponde con nuestra desenfocada mirada cotidiana, acercando a nuestra memoria ciertas categorías de lo sublime, donde el individuo experimenta el vértigo que subyace a su existencia ante el impacto de los fenómenos naturales. Gursky adapta esta categoría a los procesos contemporáneos y parece encontrar también ese abismo en el paisaje social, natural y urbano creado por el hombre.”

Thomas Demand (Munich, Alemania, 1964)

thomas demand

thomas demand

thomas demand

thomas demand

De lejos, el mundo de Demand es un mundo concreto, uno de sustantivos más que de resbalosos adjetivos. Una mesa, una estantería, una cama. Todo parece sólido y estable hasta que, al acercarnos, nos damos cuenta de que esa mesa, esa estantería, esa cama están hechas de papel. Entonces aparece la duda.

 

Desde comienzos de los ’90, Thomas Demand ha seguido el mismo procedimiento: primero elige una imagen fotográfica publicada en un diario o revista, luego construye un modelo de esa imagen a escala real en papel y cartón, lo ilumina, con esa luz helada de ascensor que absorbe humanidad, y lo fotografía. Acto seguido, destruye la maqueta. De la foto original queda apenas una reverberación. Si antes había una mesa de oficina llena de cosas, ahora tenemos esa misma mesa pero pelada, y no es que los objetos hayan desaparecido, sino que siguen ahí pero desnudos: lo que era detalle superfluo ha sido eliminado, queda algo como un bosquejo del original pero sin las particularidades. Sólo vemos el contenido neto de la imagen: los papeles son rectángulos blancos en blanco; el paquete de cigarrillos, una cajita sin marca; la máquina de escribir tiene la forma habitual pero las teclas son todas negras; la cinta adhesiva es un rollito sin logo. Todo en unos colores que recuerda a laboratorios de tecnología vieja, un beige verdoso, entre un té con leche y un cuadro cubista.

Las imágenes podrían ser el resultado de una mente que no logra recordar detalles sino el trazo grueso de las cosas que alguna vez vio. Al respecto, Jeffrey Eugenides (que a su vez escribió un cuento inspirado en las fotografías de Demand para el catálogo de la muestra de este año en el Moma) escribió: “Una memoria de un tiempo o un lugar no es ese tiempo o ese lugar, y, aun cuando la mente luche por percibir el presente existe el filtro inevitable de la conciencia: nuestra mente construyendo un retrato de la realidad”. Es posible que, en parte, las imágenes de Demand sean obras sobre la memoria y la percepción. Sobre qué recordamos de las cosas y por qué. Nada mejor que el papel, acá en su doble función de escultura y fotografía, para representar la fragilidad de las cosas (además, parece haber en Demand un escepticismo hacia la gran escultura a lo Richard Serra, quizá por eso sus construcciones mantienen esa impresión de haber sido hechas a los tumbos, en el sentido de que dejan ver las juntas del papel, el lápiz marcando intersecciones, las esquinas donde el cartón se levanta y rastros de la goma con la que todo ha sido pegado). Es inevitable: hechos en papel, los objetos se asocian a nuestros recuerdos de la infancia, a los avioncitos, a los barcos, a las pirámides con cartas. Pero montados entre placas de plexiglás parecen lo definitivo y en eso radica su fascinante perversión.

Hans Hemmert (Hollstadt, Alemania, 1960)

hans hemmert

hans hemmert

hans hemmert

hans hemmert

Hans Hemmert se hizo conocido por sus inmensos globos de látex amarillo cítrico, atrapados entre dos muros, contenidos por la arquitectura. Estas esculturas, más que decorar un espacio, lo señalan.
El artista confiesa haber abandonado los materiales densos para no transformarse en un creador de objetos permanentes.
Este rechazo a la cosificación se manifiesta en todas sus propuestas plásticas, pero particularmente en sus famosas esculturas de látex que, por sus propiedades plásticas(volúmenes rellenos de aire) no se ajustan mucho a la idea de eternidad.
A veces Hemmert se introduce en sus globos antes de inflarlos.

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