Mark Ryden (Estados Unidos, 1963)
















Todavía recuerdo la alegría que sentía dibujando, pintando y contruyendo mi propio mundo cuando era niño. Era libre. Trato de recapturar ese sentimiento que tenía cuando hacía arte de niño y creer en la magia, jugar, soñar. Los niños ven cosas y sienten cosas que los adultos no.
Siendo adulto, hay muchas barreras que cruzar para lograr este estado mental creativo. Me siento constantemente desafiado por estas barreras. Es muy difícil salirse de las responsabilidades y entrar en un mundo de fantasía creativo . Es difícil dejar de mirar el reloj y las cuentas. Es difícil no ahogarse en problemas de relaciones y en todos los pensamientos negativos que desinflan nuestra motivación para crear. Si tienes la fuerza para superar todas esas cosas y confiar en tu corazón, la creatividad puede ser milagrosa. Te puede transportar hacia otra existencia.
Hay dos partes muy diferentes en el cerebro. Está el lado lógico y el lado creativo. Para hacer arte debes dejar de pensar de manera lineal. Tienes que traer a la vida esa parte de tu cerebro que se asombra místicamente con la vida y la naturaleza. Hay una parte de tu alma que puede quedarse horas admirando los delicados colores y formas de un viejo esqueleto de mapache. Tienes que encontrar las cosas específicas que dejan salir tu espíritu. Puede ser levantarse al atardecer a explorar el mercado de pulgas en busca de algún tesoro. Tal vez encender incienso y escuchar música que te avergonzaría si alguien supiera, y asombrarse con la alquimia, la astrología y los secretos del universo. Es la parte de tu espíritu que aún se siente como un niño, que se sobrecoge, se inspira y se fascina con el mundo.
Mi objetivo en arte es olvidarme del pensamiento literal consciente y tratar de dejar a mi inconsciente deshinibido hacer mi arte. Puedo sentir cuando esto funciona. He escuchado a muchos artistas describir el mismo sentimiento. Algunos piensan que es la mano de Dios que los utiliza como instrumento de creación. Algunos lo describen como una fuerza creativa energizante que impregna toda la naturaleza creando a través de ellos. Es como ser ayudado por algún tipo de fuerza desconocida y misteriosa, Anima Mundi, el Espíritu del Universo.
Debes confiar en tu inconsciente y las fuentes desconocidas que puede hacer explotar en su interior. Hay tanto que hacer para nuestras mentes. Millones de imágenes y pensamientos girando en circulos. Si todos estuvieran justo en frente de tu pensamiento consciente tu cabeza explotaría. Mi subconsciente misteriosamente ordena este océano de pensamientos e imágenes y de alguna manera sintetiza piezas de aquí y de allá y hace pinturas. Son un producto exlusivo de mi mente única. Solamente hay uno de cada uno de nosotros y nuestras visiones son el producto especial de nuestras experiencias y pensamientos únicos y especiales.
Me ahogo en ciertas imágenes e íconos con un instinto fuerte. Siento que tengo que pintar ciertas cosas. Trato de no cuestionarme eso. Puedo obtener tanta inspiración de una pintura clásica de Jacques-Louis David como de una portada de un libro de comic de Daniel Clowes. Intento no juzgar si una es más legítima que la otra. La mirada perpleja de una chica Keane puede proveer tanta inspiración como la mirada penetrante de un retrato de Rembrandt.
Encuentro mucho más fácil ser creativamente libre de noche. El día es para dormir. La noche es el mejor momento para hacer arte. Mientras más tarde en la noche, más lejos puedes ir hacia otro mundo. Hace algunos años mientras trabajaba muy tarde en la noche, un olor particular a nueces en el aire quebró mi concentración. Estaba muy silencioso. Una brisa extraña cruzó suavemente mi estudio. De pronto me di cuenta de que había algo en mi hombro. Sorpresivamente, no estaba asustado de encontrar un mini Abraham Lincoln sentado ahí en mi hombro. Nos miramos el uno al otro por un momento. Después susurró muy delicadamente en mi oído “pinta carne”
– Mark Ryden, 2001

